Incendios Grupo Incendios · temas 3 a 7
PARTE 6. Grupo INCENDIOS. Incendios industriales (tema 6)
Este capítulo pertenece al grupo Incendios del temario específico y cubre el tema 6, incendios industriales. La fuente es la parte 5 del Manual de Incendios del CEIS Guadalajara y Grupo Tragsa, edición de 2015, con cinco capítulos: caracterización (normativa, tipos de establecimientos, niveles de protección, estructuras, características de los incendios y espumas), técnicas, valoración, tácticas y caso práctico. El capítulo sigue ese orden y termina con las cifras clave.
6.1. Normativa y definiciones
Concepto. El 29 de septiembre de 2006 quedó derogada la Norma Básica de la Edificación de protección contra incendios, NBE-CPI 96, sustituida por el artículo 11, seguridad en caso de incendio, del Código Técnico de la Edificación. El Real Decreto 393/2007, de 23 de marzo, aprobó la Norma Básica de Autoprotección de los centros, establecimientos y dependencias que puedan originar emergencias, que obliga a elaborar, implantar y mantener planes de autoprotección con contenido mínimo y crea un catálogo de actividades, entre ellas las industriales. La norma más relevante es el Real Decreto 2267/2004, de 3 de diciembre, que aprueba el Reglamento de seguridad contra incendios en los establecimientos industriales (RSCIEI), cuyo objeto es conseguir un grado suficiente de seguridad en caso de incendio en establecimientos de uso industrial.
Concepto. A efectos del reglamento son industrias las actividades de obtención, reparación, mantenimiento, transformación o reutilización de productos industriales, envasado y embalaje, y de aprovechamiento, recuperación y eliminación de residuos o subproductos. Un recinto de almacenamiento es el que, de forma fija o temporal, cubierto o no, se dedica en exclusividad a albergar productos de cualquier tipo. El reglamento se aplica a zonas de edificios o exteriores donde los vehículos se almacenan como mercancía o flota, a los equipos e instalaciones de un proceso productivo o almacenamiento, y a los almacenamientos de cualquier establecimiento cuando su carga de fuego total sea igual o superior a tres millones de megajulios, es decir, 720.000 megacalorías. También se aplica a industrias anteriores cuando su riesgo intrínseco, situación o características impliquen riesgo grave. Los establecimientos industriales son industrias, almacenamientos industriales, talleres de reparación y estacionamientos de vehículos y sus servicios auxiliares, y se clasifican por su ubicación en relación con el entorno y por su nivel de riesgo intrínseco.
6.2. Tipos de establecimientos y nivel de riesgo intrínseco
Ubicados en un edificio.
- Tipo A: el establecimiento ocupa parte de un edificio en el que existen otros establecimientos, industriales o de otros usos.
- Tipo B: ocupa por completo un edificio adosado a otros o a una distancia igual o inferior a tres metros de otros edificios; también las naves adosadas con estructura compartida si tienen cubierta independiente y se justifica que su colapso no afecta a las colindantes.
- Tipo C: ocupa por completo uno o varios edificios a más de tres metros del edificio más próximo de otros establecimientos, sin mercancías combustibles ni elementos intermedios entre ellos.
En espacios abiertos.
- Tipo D: espacio abierto que puede estar totalmente cubierto pero alguna de sus fachadas carece totalmente de cerramiento lateral.
- Tipo E: espacio abierto parcialmente cubierto, hasta un 50 por 100 de su superficie, con alguna fachada de la parte cubierta sin cerramiento lateral. Si coexisten configuraciones se considera cada parte por separado; si no coincide con ninguna, se asimila a la equiparable.
Nivel de riesgo intrínseco. Se determina por la configuración (A, B, C, D, E) y por sectores o áreas de incendio: en los tipos A, B y C el sector de incendio es el espacio cerrado por elementos resistentes al fuego durante el tiempo establecido; en D y E la superficie ocupada constituye un área de incendio abierta definida por su perímetro. Por usos, la carga de fuego se categoriza en nivel alto (industrias químicas, talleres y fábricas de pintura, barnices y pirotecnia) y medio y bajo (el resto). El cálculo detallado usa la densidad de carga de fuego ponderada y corregida del edificio, Qe, media ponderada por superficie de las densidades Qs de cada sector, en megajulios o megacalorías por metro cuadrado. La densidad de cada sector Qs se obtiene sumando, para cada combustible, su masa Gi en kilogramos por su poder calorífico qi por el coeficiente adimensional Ci de peligrosidad por combustibilidad, multiplicando el conjunto por el coeficiente Ra de riesgo de activación de la actividad y dividiendo por la superficie A del sector. Con varias actividades, la de mayor riesgo de activación determina Ra cuando ocupa al menos el 10 por 100 de la superficie.
6.3. Niveles de protección y comportamiento de los materiales
Sistemas activos. Detección automática (humo, llama, calor) o manual (pulsadores). Alerta y señalización: timbres y megafonía; letreros verdes indican vías de evacuación y letreros rojos salidas no adecuadas; iluminación mínima con baterías. Los sistemas automáticos avisan por medios electrónicos al servicio de bomberos; el aviso telefónico ha de ser personal. Extinción con agentes en botellas o conducidos a bocas de incendio, hidrantes o rociadores, automáticos por temperatura o cambio brusco de ella. Presurización de cajas de escaleras en edificios de media o gran altura, con ventiladores axiales de gran caudal desde la parte inferior a un respiradero superior, para que el humo no entre en la escalera y evitar el efecto tobera; exige puertas cortafuego cerradas, preferiblemente pivotantes.
Sistemas pasivos. Integrados en el proyecto para facilitar la evacuación y confinar el incendio: anchos mínimos de pasillos, escaleras y puertas; distancias máximas a lugar seguro; puertas que abren en el sentido de la evacuación; recorridos protegidos con materiales incombustibles; mínimo número de escalones; sectores de incendio, incluido el edificio completo como sector, con tamaños máximos y elementos de cierta resistencia. La estabilidad al fuego exigida por el RSCIEI a elementos portantes y escaleras de evacuación: nivel bajo, tipo A planta sobre rasante R 120 y sótano R 90, tipo B R 90 y R 60, tipo C R 60 y R 30; nivel medio, tipo A sótano no admitido y sobre rasante R 120, tipo B R 120 y R 90, tipo C R 90 y R 60; nivel alto, tipo A no admitido, tipo B sótano no admitido y sobre rasante R 180, tipo C R 120 y R 90. Si el edificio tiene otros usos se aplica el valor más exigente.
Materiales (UNE 23727-90). Cinco grupos: M0 incombustible (piedras naturales salvo pizarra bituminosa, morteros, hormigones, cerámicos, vidrios, fibras, amianto-cemento, metales); M1 no inflamable (madera aglomerada ignifugada, PVC rígido, estratificados de melamina y urea-formol); M2 difícilmente inflamable (poliéster reforzado con fibra de vidrio, moquetas de lana, poliolefinas ignífugas); M3 moderadamente inflamable (madera en listones de más de diez milímetros, aglomerado de más de catorce milímetros, poliamidas, resinas epoxi, PVC estratificado, ABS, moquetas de poliamida); M4 fácilmente inflamable (aglomerado de menos de catorce milímetros, polimetacrilato, moquetas acrílicas, tejidos acrílicos, espuma de poliuretano, poliestireno expandido).
6.4. Estructuras de acero, hormigón armado y madera
Acero (M0). No arde ni aporta carga térmica; dilata mucho, generando esfuerzos en toda la estructura; gran conductor, se calienta en su totalidad y puede propagar el incendio a lugares alejados; ligero, el hormigón armado es unas diez veces más pesado a igual resistencia; gran superficie expuesta y espesores pequeños, se calienta con facilidad. A partir de 350 grados pierde resistencia y a 500 grados supera los márgenes de seguridad: la resistencia es el 50 por 100 y entra en estado plástico, se deforma y se pliega sin romperse. Daños habituales: propagación por conducción, empuje por dilatación de horizontales en cabeza de pilares (arqueo y pandeo) y de muros (vuelco), pérdida de apoyo y caída de cerchas. El enfriamiento posterior también puede provocar colapso; una vez frío recupera sus características salvo el cambio de forma. Protección: forrado con trasdosados de yeso o escayola, cajeados de ladrillo o morteros aislantes proyectados.
Hormigón armado (M0). No arde; dilata muy poco; conduce muy mal el calor, solo se calienta la parte afectada; pesado, necesita mucho calor; poca superficie expuesta. Pierde resistencia de forma similar al acero, significativa a partir de 300 grados y 50 por 100 a 500 grados, pero tarda mucho más en alcanzarlas, hasta tres veces más tiempo. El hormigón protege la ferralla; cuando el recubrimiento se resquebraja, con cambio de color, las armaduras quedan sin defensa y se facilita el colapso. Protección: forrados o, lo más eficaz, aumentar el recubrimiento en construcción.
Madera (M3). Combustible, aporta carga térmica; dilata muy poco; mala conductora; ligera, con humedad que debe evaporar antes de descomponerse, por lo que absorbe mucho calor; poca superficie expuesta. Arde de forma concéntrica, de fuera hacia dentro; la parte carbonizada no resiste pero aísla; la madera sana no se altera e incluso se endurece; colapsa por pérdida de sección resistente. Protección con barnices intumescentes, que actúan como retardadores.
6.5. Características de los incendios industriales
Concepto. Se clasifican por el estado de agregación y naturaleza del material: incendios de maquinaria y de materiales sólidos, líquidos, gaseosos o pulverulentos.
Maquinaria. Riesgos eléctricos y de mercancías peligrosas por combustibles y aceites; a menudo con extinción propia. Causas: cortocircuitos por cables gastados, líneas recargadas, mantenimiento defectuoso e incendio de aceites de generadores y transformadores por fricción o fuga, con gases altamente tóxicos.
Sólidos. La gravedad depende de la naturaleza del sólido, la cantidad y la continuidad. Salvo sólidos que polimerizan o combustión espontánea, tienen menor peligrosidad que líquidos, gases o pulverulentos, porque la energía debe primero llevarlos a estado gaseoso. Se emplean estrategias de desalimentación y pérdida de continuidad antes del ataque, o se deja arder de forma controlada limitando la propagación.
Líquidos y gases. Se clasifican por la forma del incidente: incendio de charco, de tanque y dardo de fuego; pueden acompañarse de bola de fuego (BLEVE) o nubes tóxicas.
- Incendio de charco o pool fire: vertido de líquido inflamable que se extiende con espesor reducido; en cubeto, charco más profundo y de menor superficie vaporizante. Los vapores más pesados que el aire forman una nube inflamable desplazada por el viento a ras de suelo; si encuentra ignición dentro de los límites de inflamabilidad, el frente de llama retrocede hasta el vertido. Por ello se prohíben fumar o soldar, se usan herramientas antiestáticas y antideflagrantes y se definen recintos ATEX de atmósferas explosivas donde se prohíben móviles y elementos no certificados.
- Incendio de tanque: involucra mucho más combustible; da lugar al rebosamiento por ebullición o boilover, asociado a tanques de crudo con restos de agua decantada en el fondo. Se queman primero las fracciones volátiles; los componentes pesados forman una capa que aumenta de temperatura y espesor, y una onda de calor de más de 200 grados se propaga hacia abajo hasta tocar el agua, que se vaporiza súbitamente y provoca una erupción violenta que dispara la radiación y extiende el incendio; ejemplo, la explosión del pozo Oil Rig 380 frente a Louisiana en septiembre de 2010.
- Dardo de fuego o jet fire: fuga accidental de gases o vapores inflamables (rotura de tubería de un vaporizador o de impulsión de un compresor) que forma un chorro turbulento mezclado con aire; si la nube alcanza ignición, el frente retrocede hasta la fuga y el dardo se mantiene mientras dure la emisión.
Pulverulentos. La forma física acelera la combustión por la superficie de contacto: sólidos finamente divididos con partículas mayores de 0,5 milímetros arden rápido sin peligro de explosión; en estado pulverulento, partículas menores de 0,5 milímetros, la combustión es muy rápida y puede ser pirofórica o explosiva, con temperaturas y energías de ignición muy bajas. La decisión clave es el agente extintor según la naturaleza del polvo, el sitio, los equipos próximos y los medios. Agua: la más frecuente, nebulizada o en fina pulverización, eficaz en polvos vegetales y sintéticos; no en metales que reaccionan (aluminio, magnesio) ni con tensión; no penetra en masas de más de un metro de profundidad, por lo que conviene añadir humectantes. Espuma física: uso limitado, no penetra y su sofocación es pequeña por el aire de los huecos. Polvo químico seco: para polvos metálicos, que reaccionan enérgicamente con otros agentes; aplicación manual y fuegos pequeños. Anhídrido carbónico, nitrógeno y vapor de agua: salvo metales reactivos y sin turbulencias; eficaces con el polvo confinado (depósitos, silos, bodegas), manteniendo el gas mucho tiempo, incluso días o semanas, con aportaciones suplementarias. Halones 1211 y 1301: solo incendios pequeños, no con metales reactivos, prohibidos pero aún presentes; sustituidos por gases inertes que inertizan la nube.
6.6. Espumas en incendios industriales
Generación. La espuma combina espumógeno, agua y aire y es uno de los principales agentes sobre líquidos inflamables; su efectividad depende de los equipos, la composición y la fiabilidad del concentrado, que rara vez se revisa porque no hay métodos no destructivos de verificación. Sistemas de mezcla:
- Premezcla: agua y espumógeno ya mezclados, como en extintores o camiones.
- Proporcionador o hidromezclador: genera la mezcla con un tubo sumergido en el depósito y un volante que regula la proporción, generalmente entre el 1 y el 6 por 100. Partes: carcasa, boquilla que reduce el racor de entrada a unos 8 milímetros, colector, cámara de mezcla, línea de succión, válvula de retención que impide que el agua entre en los bidones, derivación o bypass y válvula de compensación. El agua se ramifica en dos circuitos; la reducción de la boquilla acelera el agua y crea depresión en la cámara (efecto Venturi) que aspira el emulsor.
- Tanque a presión sin membrana: depósito presurizado de espumógeno con proporcionador; parte del agua entra al depósito y parte extrae la mezcla por Venturi.
- Tanque de membrana: el agua presiona una membrana llena de espumógeno y lo expulsa hacia el proporcionador.
- Sistema de bombeo: depósito, bombas de espumógeno, controlador, proporcionador, sondas de presión, manómetros y bypass; dosifica según la demanda y devuelve el sobrante.
- Proporcionador de presión balanceada en línea: igual que el anterior cuando depósito y bomba están alejados.
- Boquillas autoaspirantes: el proporcionador forma parte de la boquilla de descarga, en monitores.
- Bombas hidráulicas: difusión volumétrica, con bomba dosificadora proporcional al caudal de agua y válvula de tres vías.
- Sistemas portátiles como el Pro-Pak: multiexpansión para rastrojos, fuegos secos, vivienda, vehículo, por inundación o cubrición; caudal máximo 45 litros por minuto a 7 bares, presión mínima 3 bares, unos 16 kilogramos, inyector incorporado, autonomía de 7 minutos al 3 por 100, 21 minutos al 1 por 100 y 3 horas y 30 minutos al 0,1 por 100, con caudal ajustable desde el mango. Los métodos de dosificación son dos: los que usan la energía de presión del agua (Venturi), que producen una pérdida de presión del 35 por 100 en la corriente (eductor de lanza, inductores en línea, dosificadores alrededor de la bomba), y los que emplean bombas auxiliares o presión de caída en proporción fija.
Tipos de espuma. Baja expansión: ratio hasta 20 a 1; para líquidos inflamables, controlan, confinan y extinguen la mayoría de los fuegos de clase B y también clase A por su enfriamiento. Calidad: capa hermética a vapores, excelente adherencia, gran retención de agua, burbujas minúsculas y tenaces, elevada resistencia al calor. Más estables con agua dulce o de mar a 12 a 27 grados; los contaminantes reducen su calidad. No aplicar sobre tensión eléctrica (conductora), sobre gases licuados como butadieno, propano o cloruro de vinilo, ni sobre materiales que reaccionan con el agua, clase D o carburo de calcio. La densidad de aplicación, en litros de solución por minuto y metro cuadrado, determina el éxito y el número de lanzas: para derrames, cinco litros por minuto y metro cuadrado con espumas sintéticas de triple expansión y polivalentes; más densidad reduce el tiempo; menos lo alarga o impide la extinción. Ejemplos: derrame de 56 metros cuadrados, 280 litros por minuto, una lanza de 400 o dos de 200; derrame de 100 metros cuadrados, 500 litros por minuto, una de 400 y una de 200 o tres de 200. Media expansión: de 20 a 1 hasta 200 a 1; diseñadas para suprimir la vaporización de químicos peligrosos; la expansión óptima para químicos reactivos con el agua y orgánicos de bajo punto de ebullición está entre 30 a 1 y 50 a 1; para zonas confinadas (sótanos, minas, barcos, alcantarillados, salas de máquinas); textura suave, excelente fluidez, útil para prevenir incendios en derrames. Alta expansión: más de 200 a 1; para espacios confinados (garajes, bodegas, sótanos, minas, hangares); actúa por enfriamiento y sofocación pero con poco contenido en agua, uno a mil (un litro de agua y concentrado da 1.000 litros de espuma), gran parte se destruye por el fuego; requiere ventilación en el lado opuesto para que el humo salga y la espuma entre; la capa debe alcanzar unos sesenta centímetros por encima del incendio; en exterior tiene poca efectividad salvo en expansión 1 a 300. Fórmula NFPA del caudal de alta expansión: velocidad de descarga en metros cúbicos por minuto igual al volumen a proteger dividido por el tiempo de descarga en minutos (de dos a ocho según riesgo), multiplicado por el coeficiente de contracción normal 1,15 y por el de fugas, entre 1,0 y 1,2; orientativa cuando el fuego ya se ha extendido.
6.7. Técnicas: ataque defensivo, ataque con agua, espumas y ventilación
Ataque defensivo contra la propagación. Se basa en presurizar espacios y refrigerar superficies. La presurización evita que el humo entre en las zonas presurizadas; es complicada en tipos D y E, con cubierta al aire libre, y en A, B y C, porque los caudales de los motoventiladores no bastan para grandes volúmenes; los planes de prevención deben contemplar zonas de presurización como cortafuegos, vías de evacuación o confinamiento seguro; en naves colindantes funciona bien si acompaña a la ventilación natural, y es nefasta si va en contra. La refrigeración de superficies retrasa la afectación por radiación y convección. Según la NTP 420 son controlables caudales másicos de 1 kilogramo por segundo para dardos y 2 kilogramos por segundo para charcos, correspondientes a dardos de 10 a 15 metros de longitud y charcos de 50 metros cuadrados. Agua de enfriamiento según NFPA-15, por metro cuadrado de recipiente o de superficie proyectada: calor radiante, 4 a 8 litros por minuto y metro cuadrado; llama directa incipiente, 10; llama de dardo, 1.000 a 2.000 litros por minuto de caudal del chorro. Los manuales proponen un mínimo de 4 a 20 litros por minuto y metro cuadrado, evaluando cada escenario; la NFPA-11 es el estándar de espumas.
Ataque directo con agua. Chorro pleno a la base del fuego durante un tiempo moderado, porque afecta a las capas térmicas, el vapor se condensa y el humo cae al suelo con riesgo de quemaduras. Caudales: el gasto de agua es el volumen empleado; el caudal medio, el gasto entre el tiempo, poco significativo porque se aplica a intervalos; el caudal disponible, el máximo en punta de lanza; el caudal crítico, el mínimo para extinguir; el caudal óptimo, el que extingue con el mínimo gasto. Un caudal bajo durante más tiempo no equivale a uno alto durante menos. Las lanzas actuales logran gotas óptimas a 6 o 7 bares; no es cierto que la alta presión con bajo caudal iguale a la baja presión con alto caudal. Si el caudal disponible es inferior al crítico el incendio solo decae al agotarse el combustible; aumentar el caudal reduce el tiempo, mucho justo por encima del crítico y poco después. El caudal a emplear debe ser cercano al óptimo y suficiente para la seguridad frente a fenómenos rápidos; depende de potencia, cantidad de combustible, área y estado. Grimwood y Barnett (2005), sobre más de 5.000 incendios, dan 24 litros por minuto por megavatio en vivienda y 5 litros por minuto por metro cuadrado en superficies amplias de más de 100 metros cuadrados. Modo de aplicación: las temperaturas de ignición de la mayoría de los combustibles superan los 150 grados, así que enfriar hasta unos 150 grados cesa la combustión; la máxima acción de enfriamiento es al convertirse en vapor, con relación volumétrica de 1 a más de 1.600; el vapor ayuda a ventilar espacios cerrados y a evitar el flashover; el chorro pleno es muy ineficiente por la poca superficie expuesta.
Ataque indirecto. Extinción por saturación en vapor de espacios confinados, desde el exterior o a través de puerta o ventana, con chorro nebulizado de ángulo estrecho al techo moviéndose por paredes y gases; el vapor absorbe calor y desplaza oxígeno en poco tiempo y con poca agua. No aconsejable con víctimas atrapadas ni cuando no puede contenerse la propagación, por el efecto pistón de la expansión del vapor.
Espumas. Impiden la ignición de los gases de pirólisis al aislarlos del oxígeno y enfrían; también pueden actuar por inundación, siempre con alta expansión y con ventilación en el extremo opuesto, porque las contrapresiones reducen la expansión. Cubrición simple: la lanza golpea el suelo justo delante de la superficie para que el chorro arrastre la espuma sobre el combustible. Cubrición por rebote: contra un obstáculo como una pared para que escurra suavemente; cuando la aplicación directa dispersaría el incendio o generaría reacción. Caudal de espuma según presión de trabajo: a 2,8 kilogramos por centímetro cuadrado, 160 litros por minuto, 40 metros cúbicos por minuto y expansión máxima 1 a 260; a 4,2, 195 litros, 56 metros cúbicos, 1 a 290; a 5,6, 223 litros, 70, 1 a 320; a 7, 245 litros, 80, 1 a 330; a 8,4, 259 litros, 94, 1 a 360.
Ventilación. Horizontal natural: sin gran compromiso de combustible, con carga controlada por la línea de agua o durante una búsqueda primaria; prever ventilación bidireccional para las víctimas; asegurar que no incrementa la mezcla inflamable; aberturas insuficientes catalizan la pirólisis. Vertical natural: efecto chimenea con succión hacia escaleras y ascensores por la diferencia de temperatura; el humo, con monóxido letal, viaja varios pisos por conductos. Presión positiva: el aire introducido genera gradiente positivo y expulsa el humo hacia menor presión; el ataque se plantea desde las posiciones a favor de las corrientes afluentes; nunca introducir líneas de ataque por las aberturas de salida, porque impide la evacuación de humo y empuja los productos hacia la toma de aire por donde accede el personal.
6.8. Valoración de incendios industriales
Lectura. Se fundamenta en recursos, plan de actuación y condiciones de la zona, condicionadas por combustible, estructura y riesgos. La estabilidad estructural determina el tiempo disponible: el acero soporta temperaturas medias prolongadas pero un pico reduce el límite elástico y puede colapsar; el hormigón soporta picos por su inercia térmica pero las exposiciones prolongadas fisuran y exponen la armadura; la madera aporta combustible pero mantiene estabilidad hasta perder sección; conviene considerar también el sistema de equilibrio, las uniones y las juntas de dilatación. Entorno: en naves D y E, con parte de la cubierta al aire y buena visibilidad, son poco habituales la propagación, la acumulación de gases, las altas temperaturas y el colapso; en A, B y C se trabaja como en vivienda pero con estructura fácilmente colapsable. El factor más importante es el tipo y cantidad de combustible, de nivel medio o bajo salvo químicas, pinturas, barnices y pirotecnia.
Acciones prioritarias. Evacuación: debe existir un plan de autoprotección con punto de encuentro y responsable; a la llegada suele estar hecho el recuento, y si no, es lo primero que se comunica al mando. Búsqueda y rastreo: prioridad táctica, aunque a veces exige control previo del incendio; ataque y búsqueda simultáneos multiplican el éxito; útiles la cámara térmica y las herramientas de mano; dos estrategias frente a los gases: extraer a la víctima o retirar el peligro; la VPP defensiva interesa en edificios complejos, múltiples víctimas o cuando no se pueden simultanear tareas; en espacios amplios sin visibilidad y baja temperatura, cuerdas guía. Riesgos inminentes: colapsos estructurales, especialmente múltiples o en cadena en naves que comparten estructura, y tipo de industria y material. Propagación: relevante para servicios con pocos efectivos, dado el tamaño y poder calorífico. Recursos por orden de importancia: rescate, propagación y extinción. Para rescate, evacuación o confinamiento se reserva siempre un mínimo de miembros, con apoyo de vehículo de altura, muy útil en industriales; el control de la propagación es primordial tras el rescate y previo a la extinción; la extinción exige cuantificar agua, caudal mínimo, intervinientes, puntos de ataque y relevos. Valoración dinámica: en naves A, B o C se actúa como en interior si no hay peligro de colapso, extinguiendo por enfriamiento y a veces sofocación; en E y F, casi sin cubierta, son incendios alimentados desde el exterior y el corte de propagación se hace retirando combustible. Los recursos propios de la empresa, previstos en su plan, son valiosos porque conocen instalaciones, combustibles y vías de escape. El plan se reevalúa ante colapso, cambio de ventilación o falta de recursos; muchos incendios industriales son de larga duración y cambian en minutos.
6.9. Tácticas de intervención
Prioridades. Rescate de víctimas; control de la propagación y extinción; reparación de daños; vuelta a la normalidad. Primero las vidas, después los bienes; el mando decide si prima evitar la propagación o extinguir.
Planteamientos. VPP defensiva: decisión táctica del mando, confinamiento del área de incendio para evacuar gases del resto; el flujo no atraviesa el foco; mejora la supervivencia de ocupantes fuera de la zona afectada, permite buscar con visibilidad y limpia pasillos y escaleras de escape. VPP ofensiva: el flujo atraviesa el foco y abre una ventana temporal para avanzar antes de que el incendio crezca; ventajas: visibilidad, supervivencia (el aire fresco cae y forma colchón respirable), reducción de temperatura y menos combustible en los gases; debe ser muy rápida. Control exterior de propagación: desde zona segura o con vehículo de altura, poco caudal durante bastante tiempo humedeciendo toda la zona, lanzas en cortina. Ataque directo exterior: en los primeros momentos, con difícil acceso o extrema peligrosidad por colapso, deflagración o explosión; chorro sólido a pared o techo con caudal medio. Ataque directo interior: enfría el foco e interrumpe la pirólisis; cono abierto, porque el chorro directo produce mucho más vapor y quemaduras. Ataque indirecto: inundación con vapor desde el exterior; ventajas: posición segura; inconvenientes: pérdida total de visibilidad, quemaduras a víctimas, desplazamiento de gases a otras estancias; aplicación prolongada con conos cerrados, intervalos medios a largos y caudal medio-alto; patrón en T (dos tiempos en la horizontal superior y uno en la vertical central, para las primeras pulsaciones o fuerte gradiente térmico) y patrón en O (circunferencia completa, para aplicaciones sucesivas o recintos amplios), con reposo entre aplicaciones. Inundación en espuma: complicada por las dimensiones; las empresas suelen tener sistemas automáticos; siempre con alta expansión. Cubrición con espuma: cuando la carga baja y el agente no alcanza el foco por penetración, con baja o media expansión. Ataque en presión positiva contra la propagación: recomendable en naves A y B y menos en C; evita el paso a colindantes con pocos efectivos; contraindicaciones: caudal de aire necesario muy alto y mal sellado de las naves; nunca contra la ventilación natural; pueden aprovecharse escaleras presurizadas de naves colindantes. Ataque en presión positiva para la progresión: limpia pasillos y escaleras, con salida de gases distinta de la entrada e incendio confinado; riesgo de backdraft si se desplazan gases a zonas desconocidas, por lo que hay que vigilar el patrón unidireccional.
Caso práctico. Nave de logística de acero con grandes luces, rodeada de una nave de madera, una cerrajería con alto combustible y las oficinas de las tres naves; sin víctimas y con parte de la estructura ya colapsada. Nave afectada (tipo A): el mando decide no entrar, extinguir desde el exterior y priorizar la propagación. Nave de madera: ataque en presión positiva contra la propagación, presurizándola con un ventilador a favor del viento dominante antes de que le llegue humo, retirada del producto colindante por los recursos de la empresa y vehículo de altura refrescando. Cerrajería: ataque exterior contra la propagación humedeciendo paredes colindantes y retirando combustibles, controlable por un binomio. Oficinas: ataque directo exterior con sus propias bocas de incendio equipadas, protegiéndolas y apoyando desde altura la extinción.
6.10. Cifras y datos clave
NBE-CPI 96 derogada el 29 de septiembre de 2006 y sustituida por el Código Técnico, documento de seguridad en caso de incendio; Real Decreto 393/2007 Norma Básica de Autoprotección; Real Decreto 2267/2004 Reglamento de seguridad contra incendios en establecimientos industriales, aplicable a almacenamientos con carga de fuego igual o superior a tres millones de megajulios o 720.000 megacalorías. Tipos: A parte de un edificio compartido; B edificio completo adosado o a tres metros o menos; C edificio completo a más de tres metros sin combustibles intermedios; D espacio abierto con cubierta total y una fachada sin cerramiento; E espacio abierto cubierto hasta el 50 por 100. Sector de incendio en A, B y C; área de incendio en D y E. Riesgo alto: químicas, pinturas, barnices, pirotecnia. Ra según la actividad de mayor riesgo si ocupa al menos el 10 por 100. Estabilidad al fuego de R 30 a R 180: bajo tipo C sótano R 30, alto tipo B sobre rasante R 180. Materiales M0 a M4: hormigón y metales M0, PVC rígido M1, lana M2, madera gruesa M3, poliuretano y poliestireno M4. Acero: pierde resistencia desde 350 grados, 50 por 100 y estado plástico a 500; hormigón: desde 300 grados, 50 por 100 a 500 pero tarda hasta tres veces más y pesa diez veces más que el acero; madera arde concéntricamente y colapsa por pérdida de sección. Pulverulentos: partículas menores de 0,5 milímetros pueden ser explosivas; el agua no penetra más de un metro. Boilover: onda de calor de más de 200 grados sobre agua decantada; Oil Rig 380, Louisiana, septiembre de 2010; charco pool fire, dardo jet fire, BLEVE bola de fuego; recintos ATEX. Proporcionador: 1 a 6 por 100, boquilla de unos 8 milímetros, ocho partes; los dosificadores Venturi pierden el 35 por 100 de presión. Pro-Pak: 45 litros por minuto a 7 bares, mínimo 3 bares, 16 kilogramos, 7 minutos al 3 por 100, 21 al 1 por 100, 3 horas y media al 0,1 por 100. Espumas: baja hasta 20 a 1, media de 20 a 200 a 1 con óptimo de 30 a 50 a 1 para químicos reactivos, alta más de 200 a 1 con uno a mil y capa de sesenta centímetros, exterior solo 1 a 300; agua de 12 a 27 grados; densidad de aplicación 5 litros por minuto y metro cuadrado (56 metros cuadrados 280 litros, 100 metros cuadrados 500 litros; lanzas de 200 y 400); fórmula NFPA con tiempo de 2 a 8 minutos, contracción 1,15 y fugas 1,0 a 1,2; expansión de 1 a 260 a 2,8 kilogramos hasta 1 a 360 a 8,4. NTP 420: 1 kilogramo por segundo para dardos de 10 a 15 metros y 2 para charcos de 50 metros cuadrados; NFPA-15: 4 a 8 litros por minuto y metro cuadrado por radiación, 10 por llama incipiente, 1.000 a 2.000 litros por minuto por dardo; manuales 4 a 20 litros por minuto y metro cuadrado. Caudales: gasto, medio, disponible, crítico (mínimo para extinguir) y óptimo (mínimo gasto); lanzas óptimas a 6 o 7 bares; Grimwood 24 litros por minuto por megavatio en vivienda y 5 litros por minuto por metro cuadrado en más de 100 metros cuadrados; enfriar a 150 grados detiene la combustión; vapor 1 a más de 1.600. Ataque indirecto no con víctimas; patrones en T y en O; ataque directo interior con cono abierto; exterior con chorro sólido a pared o techo. Orden de recursos: rescate, propagación, extinción. VPP contra propagación en naves A y B, nunca contra la ventilación natural; inundación siempre con alta expansión y ventilación opuesta; cubrición con baja o media.